Xénese textual é un recompilatorio de notas sobre o proceso de xestación dalgunhas das miñas novelas. Unha memoria creativa para entender mellor as circunstancias, os problemas e os xermolos da escritura. 👉 Consulta a anterior entrada xusto aquí. De forma orgánica, sen explicacións de por medio, síntome atraído polos bucles namentres escribo o primeiro borrador … Leer más
Xénese textual é un recompilatorio de notas sobre o proceso de xestación dalgunhas das miñas novelas. Unha memoria creativa para entender mellor as circunstancias, os problemas e os xermolos da escritura. Primeiro foi a imaxe. Espigas queimadas tivo un nacemento claro e estival: a semente desta novela curta de terror psicolóxico plantouse nunha habitación do … Leer más
Toda novela tiene su arquitectura. Unos cimientos, una distribución textual, sus espacios de descanso y esparcimiento y también de ajetreo. Si hace un tiempo hablaba de la unión entre novelas-edificios a través de la estructura, ahora compete otra cosa: invitarte a cambiar la mirada. Esa es una de las transformaciones que ayudan a entender lo … Leer más
É moi tentador: a facilidade de acceso a ferramentas de creación de contido convidan a calquera xornalista, publicista, filólogo, historiador, escritor ou científico a montar un proxecto propio. E as mesmas industrias culturais presionan a ter algún tipo de iniciativa que sintetice as nosas habilidades para o mercado laboral. Semella verdade categórica que o portfolio … Leer más
Es ya una verdad insoslayable: las inteligencias artificiales han adquirido condición divina. Están en todas partes, son religiosamente ubicuas, y surgen de forma orgánica en cualquier conversación. Aparecen en un congreso de marketing, en la charla que mantienes con los amigos o familiares, en el trabajo y en los hilos de Twitter que te tientan … Leer más
Escribir tiene mucho que ver con la construcción. El texto no es solo texto: también se transforma en edificio, con sus luminosidades y sus grietas, con sus lugares incómodos y sus espacios confortables. Y por eso mismo es esencial que, desde el primer minuto, los escritores pensemos bien qué tipo de cimientos queremos para nuestro texto-edificio: cómo deseamos que se sostenga nuestra novela, de qué forma van a vivir nuestros personajes en ella. De esa decisión van a depender muchas más cosas de las que creemos.
La estructura de una novela es sinónimo de raíces arquitectónicas y, más allá de lo metafórico, también del sistema de relaciones entre capítulos. Y para empezar a diseñar, a trabajar y perfilar y volver a planificar tu narrativa, tendremos que idear bien qué sucede dentro de cada división capitular (porque la estructura tiene mucho que ver, también, con la forma que adopta una trama) y cómo se va a distribuir a lo largo de las páginas.
Sempre tivo un espazo marxinal dentro das literaturas europeas e no sistema literario galego non é excepción: a ciencia ficción, tamén chamada ficción científica baixo ese xogo de palabras que pondera máis a imaxinación, continúa a buscar o seu sitio entre editoriais e lectores.
Pero no caso da ciencia ficción galega, quizais a situación sexa máis alarmante que noutros contextos xeográficos e culturais. O gran boom deste tipo de obras viviuse nas décadas de 1980 e 1990, e desde entón non tivemos unha nova época dourada ou, cando menos, prateada. Por motivos complicados de determinar (entrarán en xogo estigmas? prexuízos? mercantilismos?), a ficción científica escrita no noso territorio non puido ter unha liña de publicación continuada, estable ao longo dos anos; non puido consolidar un corpus de autores e autoras de referencia aos que acudir, lectores mozos e maiores, no seu desexo de ler obras do xénero en lingua galega.
A ciencia ficción do país segue pendente dunha urxente renovación. E non é tampouco unha cousa menor.
Teóricos literarios y escritores y escritoras de diferente pelaje explican con claridad las principales fases de creación narrativa. Tenemos la planificación y organización de la historia, la redacción como tal, la corrección… Bloques grandes de trabajo divididos también en subapartados y actividades que ejemplifican la complejidad de todo el proceso, de toda la escritura. Pero no se ahonda tanto en la existencia latente, incluso invisible, del diálogo constante con uno mismo que hay en cada una de estas fases; una conversación con el propio ego a veces hinchado, otras raquítico y autodestructivo.
Escribir, mucho más corregir y más aún alcanzar el sueño húmedo de la publicación, supone también someterse a un flujo de aprendizaje: aprender a cuidarse, a ser justo con lo que se ha creado, a entender los lazos que estableces con tus propias historias. Y hay un monstruo agorero al que enfrentarse: esa idea simple, a veces representada incluso como certeza, de que los textos siempre se podrían haber hecho muchísimo mejor.
Fue la mayor enseñanza que obtuve – y obtengo- después de publicar la primera novela: cómo gestionar el diálogo solitario con tu propia obra. Y lo aprendí después de la obsesión que produce la corrección dilatada y sostenida en el tiempo. Reescribí, eliminé, reestructuré hasta el infinito Siervos de Tinta, sometido a una suerte de síndrome del impostor que me llevaba a cambiar verbo por verbo, adjetivo por adjetivo, una coma aquí y otra allá, contradiciéndome, como si el mundo terminara ahí, en el detallismo de la textualidad, como si todo se transformara de golpe con esa revisión compulsiva. Es más: como si solo la coma, el adjetivo, el verbo fueran la diferencia entre el éxito y el fallo para el lector.
Corregir es el mayor diálogo de todo el proceso creativo. Es difícil determinar el final, saber cuándo uno enturbia la historia y el estilo o cuándo, de verdad, está ejecutando cambios de valor. En fotografía, el último manuscrito corregido de Siervos de Tinta.
En estos tiempos oscuros y profundos, a veces cuesta encontrar un rincón donde cobijarse. Se solidifica la tristeza y la maldad en todo el horizonte: la guerra, la fatiga pandémica, los ahogos económicos, la rutina cansada. Arrastramos ya dos años de impactos psicológicos y de vaivenes vitales, y salen las ansiedades, las depresiones y el agotamiento. Explota, como aquel volcán canario, el drama y la dinámica peligrosa de tener una juventud sin esperanza.
Y quizá por eso, seguramente por todo eso, he tomado la decisión casi ideológica de impedir que se me vayan los sueños y las ilusiones de la boca del estómago, de las cavernosidades del cerebro. Miro hacia el futuro imaginando (imaginar, qué verbo) el momento justo donde soplen buenos vientos —que soplarán—; el momento justo donde la tristeza y el cansancio vuelen libres hasta la inexistencia —que volarán—; ese instante donde regrese el sol, los reencuentros y algunas de las cervezas que han esperado pacientemente su turno. Todo eso volverá: es parte bendita e irremediable de la gran aventura.
Combato con el máximo número de recursos todo esto, la tristeza que desarma y el cansancio mental que anula. Lo hago desde la consciencia de que es inevitable sentir ambas, pero también desde un hábito nuevo que va calando en mí y se va instaurando en la rutina: afino la mirada para encontrar alegría en las pequeñas cosas. Es quizás una consecuencia directa de la pandemia. Al necesitar más energía, algo de luz blanca dentro de la rutina grisácea, dedico mucho más tiempo a buscar momentos y procesos inéditos que aporten algo de calma. Aunque sea, sí, solo durante un breve instante, apenas unos efímeros minutos en el océano inmenso del reloj y su minutero.
Es un hábito (post)pandémico: encontrar alegría en espacios y momentos nuevos. Por ejemplo, en percibir cómo se alargan los días. En cómo la luz, el mundo, el tiempo se recupera del invierno. // Fotografía:Anton Darius.
Conversación extraída del Medium de su creador, Jorge Riveiro. Agradecido, siempre, a Jorge, por todo y por tanto.
Fotografía: Lorena Iglesias Andrade.
No todos los días se entrevista a un amigo. Menos, a uno que acaba de publicar recientemente su primera novela. Pablo J. Rañales, orgulloso habitante de Ares -y, claro, de Mugardos-, estudió la carrera de periodismo en Santiago de Compostela, que compaginó con una carrera paralela como escritor de ficción. De ahí surge Siervos de Tinta (vía Valhalla Ediciones), obra que sirvió de pretexto para esta conversación que mantuvimos. Una charla, en formato cercano y reposado, que, sin más pretensión que profundizar un poco en sus raíces como escritor y en su obra, podéis leer a continuación.